Republica Dominicana
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Miércoles, 13 Septiembre 2017 12:46

Diplomado en archivística

El Archivo General de la Nación firmó un acuerdo con la Casa Editora Abril, de Cuba, mediante el cual le cede el derecho y la licencia, sin carácter de exclusividad, para la reedición, impresión y comercialización del libro “La Era”, una compilación de relatos de ficción histórica sobre la tiranía trujillista, escritos por el historiador Eliades Acosta Matos, Encargado de investigaciones en el AGN.

        La Casa Editora Abril estuvo representada en la firma del convenio por la subdirectora, Diana Lio Busquet y el AGN por la Directora de Planificación y Desarrollo, Marisol Mesa León, en representación del director Roberto Cassá, quien insistió en la necesidad de establecer este tipo de intercambios culturales para dar a conocer los recursos bibliográficos entre las naciones.

        Diana Lío Busquet habló de los fuertes lazos históricos, más que geográficos, que unen a Cuba con República Dominicana y la gran influencia de ambos países en el ámbito intelectual del Caribe hispano. “Debemos realizar estos intentos de compartir las fuentes con las que contamos, esas que nos unen en el pasado, en la historia común”.

        Mediante este contrato el libro publicado por el AGN en 2016 en dos tomos, se comercializará en Cuba y en aquellos eventos internacionales donde participe la Editora, en especial en la Feria del Libro de La Habana.

        En el acto de firma estuvieron presente además José Vilchez, Director del Departamento de Materiales Especiales; Noemí Calderón y Verónica Cassá, asistentes de la Dirección; Daniel García, Encargado de Publicaciones del AGN.

 
 
 

Una compilación de Genaro Rodríguez

Archivo General de la Nación presentará este miércoles

Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo 1578-1587.

 

La obra refleja las contradicciones entre la clase gobernante y la respuesta

de la élite criolla, así como la evolución de la composición social de la época.

 

     El Archivo General de la Nación puso en circulación el libro Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo 1578-1587, una compilación del historiador Genaro Rodríguez, presentado por el profesor y también historiador Raymundo González y que ofrece la oportunidad para estudiar la evolución de la sociedad colonial a partir de los documentos generados por el organismo.

      El acto de presentación de esta obra se enmarcó dentro de las actividades del AGN en la 20Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2017, y se llevó a cabo en el Salón de Conferencias del AGN.

     El libro cuenta con documentación del Archivo General de Indias, localizado en Sevilla, España y este volumen en específico trae los documentos con que se reconstruye el preámbulo de las despoblaciones del gobernador Antonio Osorio, ocurridas en la isla La Hispaniola entre 1605 y 1606.

    La obra refleja las contradicciones entre la clase gobernante y la respuesta de la élite criolla, así como la evolución de la composición social de la época, en la que en la ciudad de Santo Domingo la población negra era mayor que la blanca y muchos temieron que los esclavos en algún momento se alzaran con el control de la isla.

    La documentación que aporta este libro es esclarecedora de ese desequilibrio demográfico; de la debilidad militar que propició los ataques del pirata Francis Drake; de los gobiernos con falta de estabilidad administrativa; de las constantes luchas por el control del poder político y económico, además de ciertas prácticas sociales comunes, que hoy serían escandalosas.

   Genaro Rodríguez Morel es historiador, galardonado con el Premio Nacional de Historia José Gabriel García; coordinador del tomo I de la Historia general del pueblo dominicano y delegado de la Academia Dominicana de la Historia en la península ibérica.

Legisladores muestran entusiasmo

AGN presenta a senadores Proyecto de Rescate Documental

    Cuatro senadores y el asesor cultural del Senado de la República visitaron el Archivo General de la Nación para conocer de cerca la labor del organismo llamado a rescatar y conservar el patrimonio documental del país.

    Los legisladores Adriano Sánchez Roa, de Elías Piña; Edis Mateo, de Barahona; Juan Orlando Mercedes Peña, de la provincia Independencia, miembros de la Comisión de Cultura del hemiciclo, así como Mateo Morrison, Asesor Cultural del Senado de la República y el senador José Rafael Vargas, de la provincia Espaillat, respondieron a una invitación del AGN, donde fueron recibidos por el director, Roberto Cassá.

     Luego de un recorrido por las áreas que habitualmente visitan los usuarios, como la sala de investigación y la sala museográfica, los legisladores conocieron el taller de tratamiento documental en materia de conservación preventiva, que incluye limpieza sistemática y restauración. Al final expresaron su satisfacción y hasta asombro al ver el proceso por el que atraviesan los documentos antes de estar a disposición del público.

    Eliades Acosta Matos, investigador del AGN, Marisol Mesa León, directora de Planificación y Desarrollo, así como Izaskun Herrojo, directora de la Biblioteca - Hemeroteca, ilustraron a los legisladores sobre el Proyecto de Rescate Documental y Bibliográfico que ha iniciado el AGN tanto a nivel nacional como internacional, con la finalidad de recuperar libros y documentos de valor histórico para el país y que están dispersos.

    Los senadores mostraron gran interés en sumarse a la campaña y de hecho el senador por Barahona, Edis Mateo dejó en calidad de donación una carta original escrita por el coronel Francisco Alberto Caamaño, líder de la Revolución de Abril de 1965, que era propiedad de la Familia Sosa Sierra, de Neyba.

     La invitación girada a los senadores se enmarca dentro de los esfuerzos por dar a conocer e involucrar a la población y los líderes en cada comunidad en el citado plan, con el cual se pretende poner a disposición del pueblo ese patrimonio cultural.

      Ya con el director, Roberto Cassá, los senadores firmaron el libro de visitantes distinguidos y expresaron su satisfacción por lo que definieron como un descubrimiento, el nuevo Archivo General de la Nación, tras el proceso de transformación y refundación de la entidad, a partir de 2005.

“El conocimiento del pasado y de las luchas libradas debe ayudar

a situar los contornos del presente y de las posibles respuestas transformadoras”

 

                El historiador Roberto Cassá, director del Archivo General de la Nación, dictó la conferencia “La expedición de 1959 vista desde hoy”, en ocasión de conmemorarse el 58 aniversario de las incursiones guerrilleras que procuraban derrocar la sangrienta dictadura de Rafael Trujillo que permanecía desde hacía casi 30 años.

                En presencia del comandante cubano Delio Gómez Ochoa, único sobreviviente de la gesta, Cassá realizó un análisis pormenorizado de aquellos acontecimientos que, a su juicio, son poco conocidos, a pesar de la trascendencia de los mismos, por lo que insistió en que “Es imperativo nutrirse del saber acumulado que depara el conocimiento de la historia, y  (en este caso) estamos compelidos a recuperar el sentido de su ejemplo, los contenidos democráticos y revolucionarios, junto a elementos consustanciales, como son la equidad y la probidad”.

                Para el historiador, Junio de 1959 es una época que aún no se ha cerrado, aunque entiende que las condiciones presentes son mucho más complejas que las de entonces. La cosmovisión del sistema aparece como insuperable, la alternativa socialista quedó sepultada por el momento. Los retos son formidables y el conocimiento del pasado y de las luchas libradas debe ayudar a situar los contornos del presente y de las posibles respuestas transformadoras”.

                De todos modos, dijo, el poco conocimiento sobre la gesta no significa que se desconozca la sustancia de lo ocurrido en el exilio en 1959 y luego en tierra dominicana, ya que los últimos cuatro sobrevivientes dejaron sus memorias, al igual que dejaron testimonios algunos de los dirigentes políticos del exilio y se han localizado documentos, mayormente recogidos por Anselmo Brache, en el estudio más abarcador acerca del movimiento.

                Refirió que a pesar de las contradicciones que llevaron al fracaso inmediato de la expedición, sus protagonistas cumplieron su cometido al erigirse en los heraldos de la lucha . “Su ejemplo se convirtió en motivo de inspiración, lo que justificó el énfasis de gloria que se les concedió en los años posteriores.

                Al tiempo que realizó un sentido y riguroso homenaje “A todos los que en 1959 decidieron entregar sus vidas en sacrificio por la libertad del pueblo dominicano”, Roberto Cassá dijo que el comandante Delio Gómez Ochoa “queda como un monumento viviente de heroísmo y figura señera del hecho” 

              Delio Gómez Ochoa queda como único sobreviviente del contingente expedicionario, después de la muerte de sus restantes compañeros Gonzalo Almonte Pacheco, Pablo Mirabal, Francisco Medardo Germán, Poncio Pou Saleta y Mayobanex Vargas.

              “La voluntad de lucha expuesta en junio de 1959 bien puede contribuir a aclarar que ninguna situación es ineluctable, que existen brechas para afrontar los obstáculos más formidables y que la única fórmula valedera radica en no renunciar a los principios”, concluyó el profesor Cassá.

 

 

LA EXPEDICIÓN DE JUNIO VISTA DESDE HOY

Conferencia dictada por el historiador  Roberto Cassá, director del Archivo General de la Nación, en el  58 aniversario de la expedición guerrillera de junio de 1959.

 

               A pesar de ser uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia dominicana reciente, y de los meritorios estudios que se han escrito acerca de ella, la expedición de junio de 1959 sigue siendo bastante poco conocida en muchos de sus detalles. Es factible prever que así quedará de manera indefinida, habida cuenta de la muerte, en cosa de días, de casi todos sus integrantes y la desaparición posterior de la mayoría de aquellos que tuvieron relación con ella de una u otra manera.

                El comandante Delio Gómez Ochoa queda como un monumento viviente de heroísmo, figura señera del hecho y único sobreviviente del contingente expedicionario, después de la muerte de sus restantes compañeros Gonzalo Almonte Pacheco, Pablo Mirabal, Francisco Medardo Germán, Poncio Pou Saleta y Mayobanex Vargas.

                Vaya primero que todo nuestro homenaje a todos los que en 1959 decidieron entregar sus vidas en sacrificio por la libertad del pueblo dominicano.

                El poco conocimiento señalado sobre la gesta no significa que se desconozca la sustancia de lo ocurrido en el exilio en 1959 y luego en tierra dominicana. Los últimos cuatro sobrevivientes dejaron sus memorias, al igual que dejaron testimonios algunos de los dirigentes políticos del exilio. Además, se han localizado documentos, mayormente recogidos por Anselmo Brache en el estudio más abarcador acerca del movimiento.

                Pero han intervenido factores para que algunos aspectos hayan quedado soslayados o poco conocidos. El más visible fue el silenciamiento y la deformación que llevaron a cabo las autoridades de la dictadura. Tales procedimientos eran inherentes al orden, pero se agregó el esfuerzo por ocultar la orgía de torturas y asesinatos con que fueron martirizados los expedicionarios que no murieron en combate.

              Por otra parte, los testimonios se redujeron a participantes en Constanza, pues los de Maimón y Estero Hondo fueron todos fusilados. En su inmensa mayoría, los habitantes de las comarcas rurales en que se produjeron los desembarcos apoyaron las acciones del ejército trujillista, de forma que quedó una suerte de malestar, traducido en un manto de silencio acerca de lo acontecido. Con ligeras excepciones, como las contenidas en lo textos de Juan Delancer, don José Augusto Puig y Guaroa Ubiñas, no se realizó a tiempo una búsqueda de informaciones orales en los teatros de los hechos.

              En determinados medios dirigentes, se pretendió, con subterfugios y escamoteos, desconocer la trascendencia de la expedición por haber sido apoyado por el régimen revolucionario que se había implantado poco tiempo antes en Cuba. Se puede añadir que el fracaso rotundo de la expedición en su objetivo militar de provocar el derrocamiento de la tiranía, llevó a muchos involucrados a obviar referirse a lo acontecido o, al menos, a algunos de sus aspectos importantes. Es posible que en la dirigencia de Cuba se optara por una toma de distancia ante el posible requerimiento de ponderar los determinantes del revés de una aplicación pionera del paradigma guerrillero.

                Tales limitaciones de informaciones no han sido obstáculo para que se tracen balances acerca del acontecimiento, como es de rigor. Desde 1962 se formó una suerte de consenso acerca del efecto de la expedición en la crisis de la dictadura, que llevó a su derrocamiento. Hoy se puede reafirmar el casi lugar común de que el sacrificio de los expedicionarios constituyó el precio necesario para el cambio perseguido.

                Junio de 1959 se insertó, de tal manera, en una cadena de eventos que fueron impactando adversamente el orden autocrático. Primeramente el triunfo de la Revolución en Cuba y, desde antes, el avance de los guerrilleros de Sierra Maestra, comenzaron a remover los fundamentos de los regímenes autoritarios en la región del Caribe. República Dominicana fue el país en el que tal incidencia fue mayor. Se presentaba algo inédito: el derrocamiento de la dictadura de Batista comportó la destrucción del ejército, al tiempo que surgía un orden cualitativamente nuevo, que se proponía hacer realidad anhelos ancestrales de justicia en América Latina.

                Está registrado que muchos antitrujillistas, del exilio y del interior, comenzaron a movilizarse desde 1958, aun fuese de manera limitada, siguiendo los ecos de Sierra Maestra. En los primeros meses se multiplicaron los actos de oposición, al grado de que el régimen tuvo que tomar medidas contraproducentes para enfrentar lo que se le venía encima. El nuevo paradigma de la insurrección guerrillera tomado de Cuba se fue instalando en los revolucionarios como evidencia irrefutable. Minerva Mirabal sintetizó este estado de ánimo, al sugerir, en enero de 1959, que si en Cuba se pudo hacer la revolución, ¿por qué no en República Dominicana?

                Pero fue propiamente Junio de 1959, como está registrado por numerosos testimonios, que abrió las compuertas. Miles de jóvenes de todo el país y de variados sectores sociales decidieron organizarse para la lucha. Era algo de una magnitud sin precedentes, que se llevó a cabo sin que los servicios de espionaje pudieran detectarlo durante meses. Ese espíritu opositor confluyó en la constitución del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, que retomó el programa del Movimiento de Liberación Dominicana, organización de exilados que preparó la expedición. Se designó una directiva encabezada por el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo y se definió el objetivo de preparar la insurrección en el corto plazo, con armas que se esperaban del exterior.

                Los eventos de junio y la forma en que el régimen desarticuló después la organización clandestina del Movimiento 14 de Junio, generaron una situación inmanejable. Lo que siguió en los meses siguientes fue el resultado del estallido de  contradicciones inherentes del orden trujillista y que hasta entonces la represión criminal había podido conjurar.

Al concluir el mes de enero de 1960, como es bien conocido, en medio de la redada masiva de jóvenes, la jerarquía de la Iglesia católica emitió una pastoral en la que, por primera vez, se distanciaba de Trujillo, criticaba los apresamientos y abogaba por libertades públicas. Estados Unidos se vio forzado a distanciarse del régimen por temor a que se replicase el precedente cubano en caso de perpetuación de una situación que presagiaba salirse del control.

                 Para prevenir un alejamiento mayor de Estados Unidos, el régimen dominicano se enfrascó en una pretendida apertura que permitió el funcionamiento legal del Movimiento Popular Dominicano entre junio y agosto de 1960. El resultado fue contraproducente, pues alentó la movilización de jóvenes de barriadas populares. La evidencia de la amplia oposición interna explica que el poder imperial abandonara a su antiguo aliado y estuviera en disposición de aceptar las exigencias de Venezuela en la Organización de Estados Americanos, tras el atentado contra el presidente Rómulo Betancourt, organizado por el jefe del Servicio de Inteligencia Militar, Johnny Abbes.

                Trujillo tuvo que lidiar con una situación incontrolable para él, acostumbrado a la imposición fácil de sus designios con apoyo de Estados Unidos y de la generalidad de los factores locales de poder. Desde 1960, un sector clave de la burguesía tradicional, cobijado detrás de la Iglesia y de Estados Unidos, se planteó confrontar la dictadura. Aunque en mucha menor medida, también una porción de la burocracia gobernante tomó distancia, aunque entonces imperceptible.

                ¿Podía haber una alteración mayor en un ordenamiento que escasos meses antes parecía inexpugnable?

Sin embargo, la expedición se había saldado en un fracaso militar rotundo. No podía ser de otra manera, analizado el punto en forma retrospectiva. El paradigma cubano resultaba inaplicable en República Dominicana, donde no existía una oposición organizada, la masa mayoritaria del campesinado se adhería al régimen, no se contaban antecedentes de luchas populares que hubiesen dejado una conciencia social de corte moderno y donde el régimen detentaba controles que daban lugar a un estado profundo de temor.

                Al concebir la expedición, organizadores y participantes consideraron que esta tendría un margen fundamental de éxito. En tal sentido, mostraron no comprender suficientemente las características del despotismo trujillista. Había tenido razón el Partido Socialista Popular en el exilio al condenar el procedimiento expedicionario como “aventuras armadas”, partir de las experiencias fallidas de Cayo Confites y Luperón.

                Pero desde el mismo inicio de 1959 esta convicción fue sacudida, cuando la mayor parte de la pequeña membresía comunista se adscribió al plan de una expedición. A pesar de conocer varios de ellos la realidad cubana previa a 1959, en medio del fragor de las ilusiones, no estuvieron en condiciones de calibrar las diferencias de procesos que distinguían a Cuba de República Dominicana. Resulta hoy evidente que se subestimó el poderío de la dictadura ante el nuevo panorama que se abría con la Revolución cubana a escala continental y regional.

                Aun así, no existían otras propuestas al alcance de la mano para materializar el objetivo de derrocar a Trujillo, en un momento excepcionalmente favorable que se estimaba por consenso que no se podía dejar pasar de largo. Para los exiliados no había medios para reinsertarse en la lucha interior. Se sabía que los intentos de acabar con la vida del tirano, recurrentes desde los primeros años de la década de 1930, desembocaban en el exterminio de los complotados.

               

               Seguramente, para muchos expedicionarios no alistarse equivalía a una pasividad imperdonable e impensable dentro de su constitución moral. La certeza compartida probablemente por la mayoría de ellos, de que marchaban a la muerte, no opacaba el no menos intenso convencimiento de que el sacrificio valía la pena, dada la convicción de que, por primera vez, la lucha en el terreno resultaba factible y conduciría a la victoria.

                Es imposible, por definición, recoger en sus detalles las cavilaciones de los expedicionarios, pero estas conclusiones se fundamentan en la interpretación del conjunto de materiales documentales y testimoniales que se han recogido. Más aún, es probable que las seguridades del triunfo y el sacrificio coexistieran en un complejo indefinido y acaso confuso, como era comprensible dada la situación inédita en que se situaban.

                El análisis no puede quedarse en la subjetividad. Al margen de la intención de los sujetos sobrevienen los resultados de sus prácticas. En la interacción de ambos planos radica la interpretación de los procesos que contribuye a la acumulación de saberes.

                Más allá del predecible fracaso desde la óptica de hoy, resulta lícito aseverar que los expedicionarios se adecuaron a la exigencia de racionalidad histórica, si se entiende por ella consustanciarse de lo históricamente justo y progresivo. La decisión no era “racional”, si entendemos por ello la adecuación de un cálculo para la consecución inmediata de una meta. Normalmente nadie se embarca en una empresa que se sabe fallida por adelantado. Pero, en un plano objetivo, la expedición se adecuó a las necesidades de superación del despotismo. Los expedicionarios tenían razón en proponerse, como tarea de vida, la liquidación del trujillato.

                Los expedicionarios no obraron como marxistas, en el componente considerado común que sopesa la relación entre base y superestructura. Muy pocos de ellos debían estar familiarizados con la teoría del materialismo histórico, con la excepción eventual de algún venezolano o cubano o los integrantes del Partido Socialista Popular, como lo recogió José Cordero Michel, uno de ellos. No se podían plantear en el momento el contenido objetivo de avance del capitalismo que acompañaba a la dictadura. Pero, ¿oponerse a Trujillo, en tanto que impulsor del capitalismo, implicaba colocarse de espaldas a la marcha progresiva de la historia? El enfoque materialista pondera el carácter progresivo del capitalismo, pero a partir de un momento en que está atravesado por contradicciones sociales y estructurales. En tal sentido, fuera de consideraciones de contextos, resulta equívoca toda conclusión que conduzca al apoyo al desarrollo capitalista, aun cuando en América Latina se lo enfocase como de corte “nacional”.

                Ante la barbarie de explotación y crimen que caracterizaba al trujillato, no había otra opción que oponerse. Lo progresivo quedaba vinculado a la conveniencia objetiva del pueblo, consistente en, a partirde la superación de una situación tan horrorosa, ganar derechos democráticos y lograr un esquema de desarrollo económico vinculado con la equidad. Solo así resultaría factible una mejoría de la condición del pueblo, el núcleo de lo que verdaderamente puede postularse como progresivo.

              Los resultados de las décadas ulteriores a la muerte de Trujillo, por más que estén sujetos a evaluaciones críticas, no desmienten en ningún sentido el ideario democrático de los antitrujillistas. Lo históricamente progresivo era una democracia avanzada, no el despotismo trujillista. La sociedad dominicana se estaba encaminando por ese camino cuando fue interrumpido por efecto de la hegemonía estadounidense, primero en 1963, al detenerse el experimento democrático, y casi dos años después con el desembarco de tropas para impedir el triunfo definitivo del movimiento constitucionalista. En los capítulos de luchas no por casualidad estuvo presente el programa y el ejemplo de los expedicionarios de junio.

                Lo accidentado del proceso era lógico en un país con tan escasas tradiciones revolucionarias. En un plano abstracto, los procesos históricos nunca están gobernados por ideas impecables, lanzadas en un escenario libre de riesgos de error o fallo. Los cálculos de los sujetos están condicionados por sus propias circunstancias, que incluyen esbozos plagados de restricciones, sesgos subjetivos, valores contradictorios, ausencia de conocimientos y experiencias o la incertidumbre ante lo inédito, entre otros posibles factores. Es decir, la acción “perfecta”, condicionada por la “ciencia”, no existe. El riesgo al fracaso o a resultados imprevistos se asocia con toda acción transformadora. Quien  pretenda lo contrario está condenado a la inacción o a la esterilidad.

               Desde luego, no se propugna por la improvisación o la acción ciega desconectada de la ponderación de factores relacionados a la realidad. En todo caso, una situación nueva requiere de una dosis esencial de creatividad, de capacidad de incursión en términos desconocidos. Es lo que debieron afrontar instintivamente muchos de los expedicionarios en las condiciones recién creadas por el triunfo de los guerrilleros comandados por Fidel Castro. De la misma manera, en 1959 para muchos debió resultar ineludible comprometerse con un proyecto que abría una brecha, sin importar cuál fuese, para entablar el combate.

                En conclusión, a pesar de tantos determinantes contradictorios que desembocaron en el fracaso inmediato, los expedicionarios cumplieron su cometido al erigirse en los heraldos de la lucha. Su ejemplo se convirtió en motivo de inspiración, lo que justificó el énfasis de gloria que se les concedió en los años posteriores. Estamos ahora en condiciones de ponderar los contenidos de manera más amplia, sobre todo como antecedente para la reflexión acerca de los decursos de nuestra historia reciente.

                Hoy más que nunca se presenta el requerimiento de pensar las situaciones insertas en el largo plazo. Junio de 1959 abrió una época que aún no se ha cerrado del todo. Pero las condiciones presentes son mucho más complejas que las de entonces. Y, aun así, es imperativo nutrirse del saber acumulado que depara el conocimiento de la historia. No tenemos fórmulas, como en definitiva no podían tenerlas los expedicionarios. Pero estamos compelidos a recuperar el sentido de su ejemplo, los contenidos democráticos y revolucionarios, junto a elementos consustanciales, como son la equidad y la probidad. Los grandes objetivos hoy se han tornado mucho más difíciles, pues desde hace cierto tiempo ha ido avanzando un nuevo paradigma sistémico que ha arrasado con certezas previas. La cosmovisión del sistema aparece como insuperable. La alternativa socialista quedó sepultada por el momento. Los retos son formidables. El conocimiento del pasado y de las luchas libradas debe ayudar a situar los contornos del presente y de las posibles respuestas transformadoras.

                La voluntad de lucha expuesta en junio de 1959 bien puede contribuir a aclarar que ninguna situación es ineluctable, que existen brechas para afrontar los obstáculos más formidables y que la única fórmula valedera radica en no renunciar a los principios.

Para la Fundación de Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo y su presidenta, profesora Carmen Durán.

 

 El Archivo General de la Nación y el Ministerio de Educación se abocarán a un acuerdo de colaboración interinstitucional con el objetivo de mancomunar los esfuerzos y recursos de ambas instituciones en pro de mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje de la historia.

                El ministro de Educación, Andrés Navarro, dijo al director del AGN, Roberto Cassá, que confía plenamente en la institución y su equipo para involucrar los recursos del Ministerio que dirige en proyectos editoriales y pedagógicos que tiendan a mejorar el currículo y desarrollar capacidades de pensamiento lógico, crítico, creativo y científico en los estudiantes del país.

                Roberto Cassá, Director General del AGN y parte de su equipo directivo, presentaron al Ministro Navarro proyectos de publicaciones, un plan de lectura, un seminario sobre enseñanza aprendizaje de la historia e invitaron al Ministerio a involucrarse en la Feria del Libro de Historia Dominicana.

                Ambos funcionarios estuvieron de acuerdo en que las dos instituciones deben establecer vínculos formales para el desarrollo de proyectos que fortalezcan las capacidades de los estudiantes y anunciaron la intención de firmar pactos en ese sentido en breve tiempo, para lo cual se comprometieron a conformar sendas comisiones de trabajo.

                Navarro, quien fue invitado al AGN, acogió cada una de las propuestas y expresó:  “siempre he admirado al profesor Cassá por su labor intelectual y académica, con el trabajo de rescate que ha realizado en el AGN mi satisfacción es mayor y tener la oportunidad de trabajar con él es un privilegio”.

                Cassá de su lado destacó la claridad de pensamiento del Ministro, cualidad que a su entender le permiten aquilatar las posibilidades que se abren para el desarrollo de proyectos conjuntos que procuren la mejoría en la calidad de la enseñanza de la historia en el país y puso a disposición del Ministerio las distintas fuentes documentales que versan sobre la historia de la educación.

                Sobre el particular Navarro citó como ejemplo las historias de los maestros de escuelas rurales, a los que calificó de verdaderos héroes y heroínas, cuyos aportes a la enseñanza se pierden por una omisión imperdonable. “Las historias de esas personas que consagraron sus vidas a la educación, son historias de los heroísmos docentes que deben ser rescatadas y contadas. Los estudiantes pueden hacerlo con la formación necesaria.”

                El Ministro Andrés Navarro estuvo acompañado de Julio Santana, Jefe de Gabinete, Rafael García Romero, Director de Cultura y José Del Monte, Asesor del Ministro.

                Por el AGN estuvieron presentes en la reunión, además del Director General, Roberto Cassá, Marisol Mesa León, Directora de Planificación y Desarrollo;  Aquiles Castro, Director del Departamento de Referencias; José Vilchez, Director de Materiales Especiales; Álvaro Caamaño, Director del Departamento de Investigación; Verónica Cassá, Asistente del Director; Eliades Acosta, Encargado del Área de Investigaciones; Noemí Calderón, Asistente del Director y Raymundo González, Asesor Histórico del AGN.

                Al finalizar la reunión realizaron un recorrido por las instalaciones del AGN.

Fuente: 
Departamento de Relaciones Públicas
 
 
 

“La carga emocional era muy grande, era un gran peso para mí y

por eso en el libro trato de que mi voz no se escuche.

Que se escuche a los personajes, sin el sesgo de mi propio dolor”.

 

                Su corazón es débil y su voz queda. Sólo al adentrarse en la conversación se descubre la gran fuerza interna de esta mujer menuda que creció con el dolor de un olvido histórico, y que en 1988 la empujó a recuperar la memoria de su padre y otros 29 hombres que ofrecieron sus vidas en sacrificio por la libertad del pueblo dominicano, hace 58 años.

                María Antonia Bofill es hija de José Antonio Bofill Carbonel, uno de los guerrilleros cubanos que fue asesinado por las fuerzas represivas de Jean Claude Duvalier, en Haití, a donde fue a dar la embarcación en que habían salido desde Cuba, en agosto de 1959, con la intención de apoyar las expediciones del 14 y 20 de junio. Solo cinco sobrevivieron.

                Ella tenía apenas 5 años y nunca más volvió a ver a su padre. Tampoco se publicó mucho sobre aquel acontecimiento, que fue quedando sepultado en ese silencio tácito que condena a los desgraciados y que poco a poco borra su historia. “Yo nunca olvidé. Desde niña me planteé interrogantes con escasas respuestas que fui recopilando poco a poco”.

                Estas fueron 30 historias que María Antonia Bofill empezó a recuperar en 1988, sin saber aún que haría con todos esos datos que iba recabando, entrevistas a sobrevivientes, relacionados y familiares. Sabía que era doloroso, pero liberador para cada una de esas familias y personas que le facilitaron fotografías y documentos para su, en ese momento, archivo sobre la gesta.

                “Hubo escasas publicaciones, algunas columnas en los medios, en septiembre de 1959 apareció la última referencia en prensa cubana sobre ese hecho. Fueron condenados al olvido de amigos y enemigos de la revolución”, expresa Bofill, citando a Eduardo García Michell y José Miguel Abréu Cardet, sin pensar siquiera que fuera adrede, como una acción política. Más bien quedó como un intento fallido, que aunque cobró 25 vidas, no trascendió.

                Cuenta que de alguna manera, en 2009 le llegó un reportaje publicado en el periódico Hoy en República Dominicana, firmado por la periodista Ángela Peña, que a su vez recibió los datos sobre esta expedición, que nunca se había mencionado, de parte del doctor Laureado Ortega, quien había obtenido la referencia de una conversación casual con un cónsul cubano.

                Gracias a que la reportera siguió el rastro de esa pista, en 2009 se publicó por primera vez en el país la ocurrencia de esos acontecimientos. Bofill cuenta la emoción y el gran alivio que sintió al recibir el recorte y entonces comprendió que había llegado el momento de darle forma a los datos que tenía.

                No fue fácil, comenta. Tuvo muchos obstáculos y limitaciones, pero también recibió apoyo de muchas personas. Ella no tenía computadora y escribía sus líneas a mano, pero un amigo le fue digitando los manuscritos y haciéndole un archivo digital. Visitó hemerotecas, entrevistó a muchas personas y cada historia, aunque nacía en un punto distinto de la otra, terminaba haciéndose paralela con las demás y se entrecruzaban.

                “La carga emocional era muy grande, era un gran peso para mí y por eso en el libro trato de que mi voz no se escuche. Que se escuche a los personajes, sin el sesgo de mi propio dolor”.

                  Y entonces, en 2006, su amigo José Miguel Abréu Cardet, la puso en contacto con el Director del Archivo General de la Nación de la República Dominicana, el historiador Roberto Cassá, quien de inmediato aprobó la publicación del material escrito por María Antonia Bofill y así dar un lugar en la historia a esa expedición olvidada.

                 El libro La olvidada expedición a Santo Domingo 1959, fue puesto a circular por el Archivo General de la Nación en el año 2015 y ella no pudo estar. Pero recibió un ejemplar que abrazó contra su pecho y cuenta que cerró los ojos y sólo escuchaba el latido de su corazón, mientras se decía muy para adentro: “Por fin, se ha pagado la deuda histórica con mi padre y sus compañeros”. Pasó un buen rato antes de decidirse a abrir el sobre y mirar el libro, de cuyas historias se enamoró.

                María Antonia Bofill está en el país, a propósito de la puesta en circulación de la segunda edición de su libro, a cargo de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias y el Comité Patriótico Francisco Alberto Caamaño. Es la primera vez que sale de Cuba y lo hace para asistir a la presentación del libro que escribió para liberar el recuerdo del sacrificio de su padre y otros 29 cubanos hace casi 60 años.

               Visitó al Director del Archivo General de la Nación, Roberto Cassá, quien agradeció a la autora de La olvidada expedición a Santo Domingo 1959 la confianza depositada en la entidad y en su persona para publicarlo.

             “No podía dejar de visitar a Roberto Cassá, quien me ofreció tanto apoyo y acogió este libro en el AGN”, dijo Bofill quien es pedagoga con maestría en historia y asegura que quedan cosas por contar, pero no es el tiempo todavía.

              María Antonia Bofill estuvo acompañada de Miguelina Crespo y Juan Pablo Ortega, del Comité Patriótico Francisco Alberto Caamaño y fueron recibidos por Cassá en compañía de Marisol Mesa León, directora de Planificación y Desarrollo y Daniel García Santos, encargado del área de publicaciones del AGN.

              La segunda edición del libro se puso a circular el viernes 30 de julio en la Academia Dominicana de la Historia, con el auspicio de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, el Comité Patriótico Francisco Alberto Caamaño y la Fundación Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo.

Desde el 30 de octubre hasta el 4 de noviembre, el Archivo General de la Nación celebrará en su sede la Feria del Libro de Historia Dominicana.

En el evento, que estará dedicado al historiador y profesor Francisco Antonio Avelino García, se pondrá a circular el volumen “Pensamiento social y político del Estado-Nación-Pueblo dominicano”, que incluye dos títulos de su autoría: "Las ideas políticas en Santo Domingo""Reflexiones sobre algunas cumbres del pasado ideológico dominicano" y cuatro conferencias publicadas en la revista Clío.

 De igual manera, serán presentados 15 libros resultado de investigaciones financiadas por el AGN, preparados editorialmente por el Área de Publicaciones de la institución y pertenecientes a autores nacionales e internacionales.

También, junto al Ministerio de Educación, se presentará bajo la colección juvenil del AGN, la obra El Montero, dirigida a estudiantes, con el propósito de incentivar los hábitos de lectura desde las edades tempranas.

Este año, el tema central de la Feria es “La enseñanza de la historia” y contará, como de costumbre, con venta de libros, montaje de exposiciones, puestas en circulación de libros presentación de conferencias, talleres, paneles, visitas guiadas, proyección de documentales y largometrajes, entre otros.

El AGN extiende la invitación para participar en la Feria a librerías, casas editoras, centros educativos, empresas, instituciones, a estudiantes, docentes y a todas las personas interesadas en la historia y la literatura.

La Feria del Libro de Historia Dominicana tiene como misión difundir el patrimonio documental de la nación, para que esté al alcance de todos.

Roberto Cassá, director del Archivo General de la Nación, María Amalia León de Jorge, directora general de la Fundación Eduardo León Jimenes y Centro León y María Luisa Asilis de Matos, gerente ejecutiva del Centro León, signaron un acuerdo de colaboración en el que las tres instituciones se comprometen a unificar voluntades, recursos y trabajo, en la creación de espacios de desarrollo y fortalecimiento de la identidad y la cultura dominicanas, a través de la investigación y la preservación del patrimonio histórico documental dominicano.

Tras la firma del documento, María Amalia León de Jorge felicitó al director del AGN, Roberto Cassá y al equipo de hombres y mujeres que laboran con él, “por este AGN que nos ofrecen al país en el día de hoy, una institución paradigmática cuyos aportes como servicio público nos hacen creer que la administración del bien común puede ser llevada a cabo con esmero, con rigor, probidad y con innovación”.

Sobre el acuerdo, la directora general de la Fundación Eduardo León Jimenes y el Centro León expresó: “Este acuerdo que hoy nos une es clave en el fortalecimiento de nuestros programas culturales y educativos. El conocimiento que ha desarrollado el AGN en la conservación y puesta en valor del pasado, ese patrimonio fundamental que tienen los pueblos como brújula para el devenir, nos interesa mucho aprovecharlo y contribuir a su divulgación”.

Roberto Cassá, director del AGN por su lado significó la importancia de trabajar con una entidad como El Centro León, que en 14 años ha acumulado un gran prestigio, avalado por el de la familia León Jimenes que es un ejemplo de mecenazgo y apoyo a las expresiones de la cultura dominicana. “Admiramos la tarea que han emprendido y envío un especial saludo a don José León, que viabilizó ese apoyo único de la comunidad empresarial a esa obra de bien cultural que es el Centro León”.

Cassá definió a esta entidad, localizada en Santiago de los Caballeros, como una iniciativa novedosa a nivel local e internacional, cuya impronta “está fuera de ponderación. Es una entidad con la cual hemos aprendido mucho, y este acuerdo potencia las líneas de trabajo comunes, por lo que auguramos que los resultados del mismo serán prometedores y nos atrevemos a asegurar que también provechosos” expresó Cassá, para agregar que con la entidad tiene vínculos muy fuertes y comparte la mística de trabajar por la excelencia.

El historiador dijo además que el AGN colaborará “con toda nuestra capacidad, pues reconocemos que el Centro León atesora material de enorme valor para la cultura dominicana y nosotros estamos comprometidos con el patrimonio histórico documental y cultural”.

El convenio es ambicioso y las instituciones desarrollarán proyectos conjuntos, en ambas sedes, que involucran formación en archivística con diplomados, cursos y talleres; la colaboración en servicios de restauración, conservación y consolidación de documentos históricos y de igual modo el personal del Centro León proveerá asesoría en museografía y manejo de colecciones al personal del AGN.

Este convenio también permitirá publicar obras de manera conjunta, organizar conferencias, exposiciones y tertulias; propiciará intercambios entre las bibliotecas y hemerotecas de ambas entidades y, de entrada, el enlace de la Biblioteca Digital Dominicana del AGN, con más de diez  mil títulos, se colocará en el portal del Centro León, ampliando así el universo de lectores en línea.

El acto fue celebrado en el Archivo General de la Nación y en el mismo estuvieron presentes también Luis Felipe Rodríguez, Gerente de Programas Culturales del Centro León, Carlos Andújar, Coordinador de Cultura del Centro León; Marisol Mesa León, subdirectora del AGN, así como los directores de los diversos departamentos de la entidad.

Tras la firma del convenio los representantes de la Fundación y el Centro Cultural Eduardo León Jimenes firmaron el libro de Visitantes Distinguidos del AGN, dieron un paseo por la Sala Museográfica y la Sala de Atención a Usuarios del Archivo General de la Nación e intercambiaron impresiones sobre el trabajo de las entidades.

Fuente: 
AGN
Martes, 12 Septiembre 2017 15:07

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